Ha llegado el momento de decirnos adiós. Has sido una fiel compañera. Has estado a mi lado los ultimos ocho años. Llegaste en silencio, con humildad, siempre sin destacar, a ras de suelo. Yo nunca te hice mucho caso. No te cuidé como merecías. Es más, te maltraté. Te llevé a lugares indecentes. Te exigí más de lo que podías darme. Utilicé tu flexibilidad, pero también tu resistencia. Tú nunca te quejaste. Cuando no te necesitaba, me esperabas pacientemente en cualquier rincón de la casa, o al pie de la cama. Cuando me acercaba a tí, adivinaba una sonrisa en tu faz, incluso cuando sospechabas que lo que te esperaba no iba a ser agradable. Humedad, polvo, barro, agua han sido nuestros más íntimos compañeros. Incluso, ocasionalmente, basura, inmundicia y deshechos. Al principio, practicábamos cualquier deporte. No el baloncesto, donde he cultivado otras amistades. Pero sí la carrera, el paseo por el campo, la bicicleta... Así empecé a dañarte, al incrustarte en...